domingo, 31 de julio de 2011

Tensión entre lo mundial y local: ¿crisis de identidad?



Por Mónica Becerra - Olga Godoy

Los inicios de la modernidad y de la pos–modernidad han estado marcados por una serie de tensiones que trascienden las distintas áreas (economía, educación, cultura, etc.). Entre éstas y según lo que plantea Delors (1994) podemos encontrar la tensión entre lo mundial y lo local, la cual plantea una fuerte pugna entre la identidad propia de las naciones–estados y las costumbres compartidas en este mundo globalizado. A partir de esto se nos hace necesario tocar el tema del conflicto de la conformación de la identidad que se está dando, ya que al movernos en un mundo que transciende los límites territoriales, transcienden también los límites culturales.

Según Larraín (2001) la identidad es una conformación individual y colectiva, así lo define como una cualidad o conjunto de cualidades con las que una persona o grupo de personas se van íntimamente conectados. (p. 23). Por tanto, los individuos se definen a sí mismos, o se identifican con ciertas cualidades, en términos de ciertas categorías sociales compartidas (p. 25). Las características aquí señaladas se pueden identificar a partir de tres tipos de cualidades que, según el mismo autor, conforman la identidad:

“…Primero, los individuos se definen a sí mismos o se identifican con ciertas cualidades en términos de ciertas categorías sociales compartidas. La cultura es uno de los determinantes de la identidad personal… Segundo, el elemento material: al producir, poseer, adquirir o modelar cosas materiales los seres humanos proyectan su sí mismo, sus propias cualidades en ellas, y las ven de acuerdo a su propia imagen… Tercero, la construcción del sí mismo necesariamente supone la existencia de “otros” en un doble sentido.” (Larraín, 2001, 25 - 34).

A partir de estás cualidades debemos tener en cuenta que hoy en día nos enfrentamos a un contexto histórico en el que la identidad se nos configura a partir de una cultura global. Formamos parte de una aldea global, “un espacio de comunicación y de intercambio que se suele llamar mundialización” (Calvo,2003, p.1). Se tiende al universalismo integrador.
En esta plaza grande donde todos somos actores nos enfrentamos a la problemática de la presencia de la identidad particular o nacional y la colectiva o mundial. Por un lado, se nos hace necesario identificarnos con un mundo intercomunicado, mas se necesita mantener patente lo propio. El problema se explicita al aceptar que en esta nueva realidad “lo global no reemplaza a lo local; sino que lo local opera dentro de la lógica de lo global” (Larraín, 2001, p 42). En consecuencia, las identidades nacionales no tienden a desaparecer, sino que ven afectadas.

La construcción de la identidad chilena se nos ha visto afectada, ya que esta identidad globalizadora acelera el ritmo de cambio en las relaciones, lo que no permite al sujeto hacer sentido de lo que pasa, ver la continuidad del tiempo y así formarse una visión unitaria. La identidad chilena se encuentra cuestionada, pues no se logra visualizar con claridad.

En este panorama la educación presenta un gran desafío pues debe responsabilizarse de la validación de la identidad nacional, identificando las raíces propias de Chile, como localidad, sin perder de vista la implicancia de pertenencia a un mundo globalizado. Es decir, debe lograr equilibrar entre un aprendizaje que valide la pertenencia local y que sirva para actuar en una sociedad globalizada, supranacional[1]. Por tanto, la formación del alumno debe, en un primer paso, esclarecer la importancia de la identidad, contextualizando la situación histórica que enfrenta el concepto. Es primordial que logre reaccionar frente a la tendencia de desaparición de lo local, actuando a partir de la lógica de que la libertad de la personal debe priorizar a partir del respeto de lo local. Y, en un segundo plano, la educación no puede desentenderse de que la aldea global es una realidad que se debe enfrentar a partir de la actuación en ella y no desde una desvinculación que tan sólo la cuestiona. Por tanto, “el desafío de la educación implica desarrollar la capacidad de construir una identidad compleja, que contenga la pertenencia a múltiples ámbitos: local, nacional e internacional” (Tedesco, 2006, p.14).


Referencias
- Calvo,T.(2003). Inmigración y Educación. Una visión desde la perspectiva de la sociedad española [en línea]. Extraído el 25 de abril, 2009 del sitio web portal de educación intercultural: http://www.aulaintercultural.org/article.php3?id_article=367.html
- Larraín, J. (2001). Identidad chilena (Eds.), Santiago de Chile: LOM
- Larraín, J. (2005). ¿América Latina moderna?. Globalización e identidad. (Eds.),Santiago de Chile: LOM
- Tedesco, J.(2006).La educación en el marco del nuevo capitalismo[en línea]. Extraído el 25 de abril, 2009 del sitio web de Comunicación popular para la construcción del socialismo del siglo XXI: http://www.aporrea.org/educacion/a23189.html
[1] Tedesco.

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