domingo, 31 de julio de 2011

Diplomado Aprendizaje Profundo en el Aula... ¿Para qué?


¿Por qué tomé este diplomado?

Me ha costado un tiempo iniciar este trabajo, pues el preguntar por qué hago las cosas, me lleva a pensar en experiencias profesionales pasadas y, más bien, al iniciar este proceso me enfoqué en un ¿para qué?
Cuando inicié mi camino profesional este año me enfrentaba a un año incierto en diversos aspectos. Sin embargo, pese a todo y fueran como fueran las cosas, tenía claro que quería estudiar, pues lo necesitaba, ya que es una actividad que me gusta y que hace sentir en mi ejercicio profesional renovada. Porque creo que el ser profesora es una profesión, predominantemente práctica. Es una profesión que con suerte tiene un 20% de teoría y todo el resto o más de acción, la cual se construye día a día a partir de la experiencia. Es decir, en un hacer constante. Así mismo, el ejercicio debe ir acompañado de una actualización constante de la profesión, la cual creo que se logra a partir de la idea de no cortar los vínculos con el estudio académico. Por ello, elegí estudiar un diplomado que no fuera sólo un hacer en la teoría, sino que se preocupara fundamentalmente de llevar al aula lo aprendido.
Así, el ¿para que qué? toma un valor importante, ya que se enfoca en el futuro y en el cómo puedo ir construyendo de mejor manera mi ejercicio profesional a partir de las oportunidades académicas que actualmente pueda ir tomando, como lo es este Diplomado de Aprendizaje Profundo en el Aula.


¿Cuáles son mis motivaciones y necesidades de respuesta que estoy buscando en él?

Mi respuesta más sencilla va enfocada a una idea "Mejorar". No es que en estos momentos me considere mala profesionalmente, pero, como ya dije, creo que el ser profesora es una profesión de acción y de construcción y perfeccionamiento constante. Por ello, en estos momentos quiero dar respuesta a cuestionantes como:

- ¿Cómo poder lograr que mis alumnos desarrollen al máximo el potencial de sus capacidades?

- ¿Cómo poder mejorar la transcendencia de lo que enseño en relación con el tiempo y el significado que cobra en los alumnos?

- ¿Cómo lograr que mis alumnos, a partir de lo que les enseño, sean personas capaces de construir conocimiento y logren comprender, interactuar, interpretar y moldear la realidad en que viven para poder hacerla cada vez más propia, constructiva y mejorable?

- ¿Cómo ser capaces de formar alumnos interesados integralmente, críticos, creativos, éticos, respetuosos de sí mismos y su entorno y con un amor insaciable por el conocimiento?


¿Qué espero aprender o construir durante este tiempo?

No lo tengo totalmente claro en específico, mas, en general, mi idea es Mejorar, ir mejorando día a día mi ejercicio profesional.


¿Cómo me he sentido durante este primer módulo? ¿qué cosas nuevas he aprendido?

Me he sentido cómoda, pero con la necesidad urgente de organizarme. Y he logrado aprender el valor e implicancia de las teorías implícitas, logrando diferenciar los tipos de conocimiento y su forma de obtención.

Tensión entre lo mundial y local: ¿crisis de identidad?



Por Mónica Becerra - Olga Godoy

Los inicios de la modernidad y de la pos–modernidad han estado marcados por una serie de tensiones que trascienden las distintas áreas (economía, educación, cultura, etc.). Entre éstas y según lo que plantea Delors (1994) podemos encontrar la tensión entre lo mundial y lo local, la cual plantea una fuerte pugna entre la identidad propia de las naciones–estados y las costumbres compartidas en este mundo globalizado. A partir de esto se nos hace necesario tocar el tema del conflicto de la conformación de la identidad que se está dando, ya que al movernos en un mundo que transciende los límites territoriales, transcienden también los límites culturales.

Según Larraín (2001) la identidad es una conformación individual y colectiva, así lo define como una cualidad o conjunto de cualidades con las que una persona o grupo de personas se van íntimamente conectados. (p. 23). Por tanto, los individuos se definen a sí mismos, o se identifican con ciertas cualidades, en términos de ciertas categorías sociales compartidas (p. 25). Las características aquí señaladas se pueden identificar a partir de tres tipos de cualidades que, según el mismo autor, conforman la identidad:

“…Primero, los individuos se definen a sí mismos o se identifican con ciertas cualidades en términos de ciertas categorías sociales compartidas. La cultura es uno de los determinantes de la identidad personal… Segundo, el elemento material: al producir, poseer, adquirir o modelar cosas materiales los seres humanos proyectan su sí mismo, sus propias cualidades en ellas, y las ven de acuerdo a su propia imagen… Tercero, la construcción del sí mismo necesariamente supone la existencia de “otros” en un doble sentido.” (Larraín, 2001, 25 - 34).

A partir de estás cualidades debemos tener en cuenta que hoy en día nos enfrentamos a un contexto histórico en el que la identidad se nos configura a partir de una cultura global. Formamos parte de una aldea global, “un espacio de comunicación y de intercambio que se suele llamar mundialización” (Calvo,2003, p.1). Se tiende al universalismo integrador.
En esta plaza grande donde todos somos actores nos enfrentamos a la problemática de la presencia de la identidad particular o nacional y la colectiva o mundial. Por un lado, se nos hace necesario identificarnos con un mundo intercomunicado, mas se necesita mantener patente lo propio. El problema se explicita al aceptar que en esta nueva realidad “lo global no reemplaza a lo local; sino que lo local opera dentro de la lógica de lo global” (Larraín, 2001, p 42). En consecuencia, las identidades nacionales no tienden a desaparecer, sino que ven afectadas.

La construcción de la identidad chilena se nos ha visto afectada, ya que esta identidad globalizadora acelera el ritmo de cambio en las relaciones, lo que no permite al sujeto hacer sentido de lo que pasa, ver la continuidad del tiempo y así formarse una visión unitaria. La identidad chilena se encuentra cuestionada, pues no se logra visualizar con claridad.

En este panorama la educación presenta un gran desafío pues debe responsabilizarse de la validación de la identidad nacional, identificando las raíces propias de Chile, como localidad, sin perder de vista la implicancia de pertenencia a un mundo globalizado. Es decir, debe lograr equilibrar entre un aprendizaje que valide la pertenencia local y que sirva para actuar en una sociedad globalizada, supranacional[1]. Por tanto, la formación del alumno debe, en un primer paso, esclarecer la importancia de la identidad, contextualizando la situación histórica que enfrenta el concepto. Es primordial que logre reaccionar frente a la tendencia de desaparición de lo local, actuando a partir de la lógica de que la libertad de la personal debe priorizar a partir del respeto de lo local. Y, en un segundo plano, la educación no puede desentenderse de que la aldea global es una realidad que se debe enfrentar a partir de la actuación en ella y no desde una desvinculación que tan sólo la cuestiona. Por tanto, “el desafío de la educación implica desarrollar la capacidad de construir una identidad compleja, que contenga la pertenencia a múltiples ámbitos: local, nacional e internacional” (Tedesco, 2006, p.14).


Referencias
- Calvo,T.(2003). Inmigración y Educación. Una visión desde la perspectiva de la sociedad española [en línea]. Extraído el 25 de abril, 2009 del sitio web portal de educación intercultural: http://www.aulaintercultural.org/article.php3?id_article=367.html
- Larraín, J. (2001). Identidad chilena (Eds.), Santiago de Chile: LOM
- Larraín, J. (2005). ¿América Latina moderna?. Globalización e identidad. (Eds.),Santiago de Chile: LOM
- Tedesco, J.(2006).La educación en el marco del nuevo capitalismo[en línea]. Extraído el 25 de abril, 2009 del sitio web de Comunicación popular para la construcción del socialismo del siglo XXI: http://www.aporrea.org/educacion/a23189.html
[1] Tedesco.